Llego Diciembre, época maravillosa para compartir en familia, para despertar el espíritu navideño con deseos de amor, de paz, de alegría, todo alrededor es color, árbolitos llenos de luces y adornos, calles iluminadas, pesebres y villancicos, las novenas con los vecinos, los buñuelos y las natillas, reviven las remembrazas de cuando era niña y esperaba todo el año a que llegara Navidad, ¡ una verdadera eternidad !, para escribir las cartas al Niño Dios; (ahora se las escriben a Santa Claus, Papa Noel o como lo quieran llamar, la verdad es que no saben a quien se la deben mandar ); esa ilusión de despertar el 25 y encontrar en la cama un montón de regalos que llegaban como por arte de magia y en vano los esfuerzos por mantenerme despierta para pillar al Niño Dios en plena acción de repartir, que emocionante era destapar y luego jugar hasta el cansancio, todo era alegría...
Ya crecí, ya no escribo carticas, las cosas son distintas, ya no espero al Niño Dios ahora me toca serlo, recoger las listas interminables de mis hijos que piden todo lo que la tele les anuncia para la temporada, salir a escondidillas a centros comerciales y almacenes atestados de gente, pelearme la última muñeca, el último vestido de moda, buscar el color y no encontrar la talla o al revés, probar todos los carritos de control remoto, sentarme a pensar que les obsequio a los demás, si ya tienen de todo, caminar de un lado a otro para conseguir los regalos y llegar a casa con los pies adoloridos, cansada, cargada de paquetes y a buscar donde esconderlos para que mis hijos no los encuentren, finalmente hacer cuentas para saber que me quede con la billetera vacía, pero feliz de que Santa, Niño Dios, Noel ó el que sea, cumplió su misión navideña y hará permanecer en la memoria de mis hijos los maravillosos recuerdos imborrables de la ilusión de esperar con ansia la llegada de la Navidad cada año...
Ya crecí, ya no escribo carticas, las cosas son distintas, ya no espero al Niño Dios ahora me toca serlo, recoger las listas interminables de mis hijos que piden todo lo que la tele les anuncia para la temporada, salir a escondidillas a centros comerciales y almacenes atestados de gente, pelearme la última muñeca, el último vestido de moda, buscar el color y no encontrar la talla o al revés, probar todos los carritos de control remoto, sentarme a pensar que les obsequio a los demás, si ya tienen de todo, caminar de un lado a otro para conseguir los regalos y llegar a casa con los pies adoloridos, cansada, cargada de paquetes y a buscar donde esconderlos para que mis hijos no los encuentren, finalmente hacer cuentas para saber que me quede con la billetera vacía, pero feliz de que Santa, Niño Dios, Noel ó el que sea, cumplió su misión navideña y hará permanecer en la memoria de mis hijos los maravillosos recuerdos imborrables de la ilusión de esperar con ansia la llegada de la Navidad cada año...

